De placeres y de altas (aquí y ahora)

Llega un día en la vida de cada mujer que lleva su proceso de recuperación donde se empieza a dar cuenta que es posible sanar, que es posible vivir, que es posible amarse, que es posible confiar y que es posible permitirse ser feliz.

Llegó mi día. En realidad no fue un día sino días, semanas y quizá unos cuantos meses en los que me ha sido posible ese “darme cuenta”.

Al principio los recibí con incredulidad, incluso miedo, claro cuando una ha vivido toda su vida más conectada a la tristeza, la desconfianza y las autoagresiones este cambio, que no es de un día pa’ otro ni por arte de magia, me tomó por sorpresa, me llegué a decir “¿Será esto una fase de posible bipolaridad? Vamos que no es tan normal sentirme tan bien!”. Al pasar las semanas tomaba consciencia que ese sentirme contenta y llena de entusiasmo predominaba y realmente tenía muchos motivos para estarlo! Así que dejé de patologizar mi proceso y mis avances… Luego tuve la sensación de haber estado dormida unos años y que vino una hada madrina a hechizarme y que ahora al despertar todo ha cambiado. Así que empecé a tomar consciencia de que si he hecho mucho por mí, que no lo he logrado sola y  que no es ningún truco.

Y lo más importante es que casi por primera vez en la vida soy consciente de que soy YO, que no es un ser ajeno a mí el que habita mi cuerpo. Muchas veces sentí dolor, sentí rabia, sentí profundamente la tristeza de haber vivido abusos pues según yo nunca iba a saber cómo sería sin secuelas… Hoy no puedo afirmar que ya no tengo “secuelas” pero puedo asegurar que tengo una identidad y mi identidad no me la da ningún abuso sexual, ningún episodio de violencia, mi identidad, ésta mujer que soy, es quien me encanta ser. Me veo, me escucho y me siento y cuánto me encanta lo que veo! Pareciera que muy en el fondo de mí quedaba una “esencia” que ni el abuso ni la violencia pudieron aniquilar, me gusta creer que esa esencia es mi niña. Y de ser así puedo apreciar lo valiente, lo sensible, lo feliz que realmente es. Me gusta creer que por primera vez esa niña está presente en mí día a día y está fusionada con la mujer adulta que soy para dar el resultado de quién soy en este momento.

Hoy aseguro que vivir es posible, que estar conectada con MI vida es posible. Puedo asegurar que me he reconciliado con la alegría y que estoy conociendo por primera vez el placer. Y es que el placer se ha convertido en algo que siento, ya no es algo que aspiro, o sobre lo que reflexiono o leo. Siento placer en lo cotidiano, lo siento en mi cuerpo y se manifiesta al estar conmigo misma y al estar con las otras personas que me acompañan. Es un placer sin culpas, es un placer que no (sólo) está ligado a mi sexualidad pero que tiene todo que ver con mi cuerpo.

No sé si exista una única manera o una correcta forma de graduarse en un proceso de recuperación, y si fuera a como yo lo imaginaba al empezar (un proceso extenso, casi psicoanalítico de 6 a 10 años de terapia donde se trabaja cada trauma de la niñez desde el dolor sin llegar a ver algún día un destello de luz) posiblemente esto no sería más que un “buen momento” que pasará tarde o temprano. Pero al menos hoy tengo plena confianza en que SI he sanado, que SI he – y me he – recuperado. Lo siento en mi espalda cuando no se encorva para pasar como invisible e inexistente, lo escucho en mi voz cuando no se oculta detrás del miedo, lo escucho en mi risa que me recuerda que la alegría está en mí y que depende de mí sentirla, lo veo en mi sexualidad y en mis relaciones cuando empiezo a establecer límites sobre mi cuerpo y cuando decido quién, cuándo y cómo es tocado – incluyéndome a mí misma -. Lo siento en mi cuerpo cuando pasan los días y me siento más conectada con éste, pendiente a lo que me expresa y necesita, o cuando voy por ahí danzando sólo porque sí, sólo por placer. Y finalmente lo siento cada día que me despierto con intensas ganas de vivir 

La verdad no puedo imaginar otra manera de estar “recuperándome” que no sea ésta donde el placer y la alegría se han vuelto tan conscientes y cotidianos. Y para lo que aún me espera por andar conectada a  mis deseos… ¡estoy más que lista! 

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3 thoughts on “De placeres y de altas (aquí y ahora)

  1. Aquí estoy de pie, aplaudiéndote…. Que alegría, que emoción, sentirte sanada, feliz, viviendo, así me siento yo. Eres grande y fuerte y soy feliz porque poco a poco muchas de las que nos atrevimos a hablar hemos ido sanando… Que continué tu proceso y que cada día sea mejor… Un abrazo

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