El mito patriarcal

Comparto mi resumen personal del Capítulo 1 de “Cuerpo de mujer sabiduría de mujer”.

La conciencia crea el cuerpo. Nuestro cuerpo está hecho de sistemas energéticos dinámicos influidos por la dieta, las relaciones, la herencia y la cultura, y la interacción entre todos estos factores y actividades. A lo largo de veinte años de ejercicio de la medicina, se me ha hecho evidente que no puede producirse curación para las mujeres mientras no hagamos un análisis crítico y cambiemos algunas de las creencias y suposiciones culturales que inconscientemente todas heredamos e interiorizamos. No podemos esperar recuperar nuestra sabiduría corporal y nuestra capacidad innata para crear salud sin comprender primero la influencia de nuestra sociedad en lo que pensamos de nuestro cuerpo y en nuestra manera de cuidarlo.

Nuestra herencia cultural

Durante los cinco últimos milenios, la civilización occidental ha descansado sobre la mitología del patriarcado, la autoridad de los hombres y los padres. Nuestra visión del cuerpo femenino e incluso nuestro sistema médico también siguen leyes de orientación masculina.

Nuestra cultura da a las niñas el mensaje de que su cuerpo, su vida y su feminidad exigen pedir disculpas. ¿Has notado con qué frecuencia pedimos disculpas las mujeres? En algún recóndito lugar de nuestro interior llevamos una disculpa por el hecho mismo de existir. Si hemos de pedir disculpas por nuestra existencia desde el día en que nacemos, podemos suponer que el sistema médico de nuestra sociedad nos va a negar la sabiduría de nuestro cuerpo de «segunda clase». En esencia, el patriarcado proclama a voz en grito el mensaje de que el cuerpo femenino es inferior y debe ser dominado, controlado.

Nuestra cultura niega habitualmente lo insidiosos y omnipresentes que son los problemas relacionados con el sexo. En el ejercicio de mi trabajo, descubrí que el abuso sexual contra las mujeres es epidémico, ya sea sutil o descarado. Y he visto cómo ese abuso prepara el camino para la enfermedad en el cuerpo femenino.

El patriarcado produce adicción

La manera judeocristiana de ver el mundo que inspira la civilización occidental considera que el cuerpo y la sexualidad femeninos, representados en la persona de Eva, son los responsables de la caída de la humanidad. Durante miles de años las mujeres han sido golpeadas, maltratadas, violadas, quemadas en hogueras y culpadas de todo tipo de males simplemente por ser mujeres.

La creencia de que los hombres están destinados a mandar sobre las mujeres está muy arraigada en muchas tradiciones occidentales. La organización patriarcal de nuestra sociedad exige que las mujeres, sus ciudadanas de segunda clase, no hagan caso de sus esperanzas y sueños, o se aparten de ellos, por deferencia hacia los hombres y las exigencias de su familia. Esta obstrucción o negación de nuestras necesidades de autoexpresión y autorrealización nos causa un enorme sufrimiento emocional.

Para no conectar con ese sufrimiento, corrientemente las mujeres hemos recurrido a substancias adictivas y hemos desarrollado comportamientos adictivos que han tenido por consecuencia un interminable ciclo de malos tratos que nosotras mismas hemos contribuido a perpetuar. Al ser maltratadas o maltratarnos a nosotras mismas, nos enfermamos. Cuando nos enfermamos, somos tratadas por un sistema médico patriarcal que denigra nuestro cuerpo. Muchas no recibimos una buena atención médica o ni siquiera la misma atención médica que reciben los hombres por las mismas enfermedades. Con mucha frecuencia empeoramos o contraemos problemas de salud crónicos, para los cuales el sistema médico no tiene respuestas ni tratamientos. Este es el ciclo que caracteriza nuestra atención médica actual.

La finalidad o función de una adicción es poner un amortiguador entre nosotras mismas y nuestra percepción de nuestros sentimientos. Una adicción nos sirve para insensibilizarnos, para desentendemos de lo que sabemos y de lo que sentimos. Lo bueno es que cuando reconocemos y dejamos salir nuestro sufrimiento emocional, nos conectamos inmediatamente con nuestros sentimientos. Está claro que necesitamos un nuevo tipo de actitud y sabiduría médicas que nos ayude a ponernos en contacto con nuestro dolor interior como primer paso hacia la sanación.

 

Creencias fundamentales del sistema adictivo

Comprueba si te suenan ciertas las siguientes descripciones de nuestras actitudes culturales con respecto a la mujer y la salud, descripciones que podrían servirte para ser más consciente de tu cuerpo y de tus problemas de salud.

Primera creencia: La enfermedad es el enemigo

Los sistemas adictivos han sido correctamente definidos como sociedades que están preparándose para la guerra o recuperándose de ella. Estas sociedades elevan los valores de la destrucción y la violencia por encima de los valores del sustento y la paz. En consecuencia, el sistema médico establecido explica nuestro cuerpo no como un sistema diseñado homeostáticamente para tender a la salud, sino más bien como una zona en guerra. La enfermedad o el tumor es «el enemigo» que hay que eliminar a toda costa. Rara vez, o nunca, se la considera un mensajero que intenta llamar nuestra atención.

El sistema adictivo subordina el cuerpo al cerebro y a los dictados de la razón. Con frecuencia nos enseña a no hacer caso del cansancio, del hambre, de la incomodidad o de nuestra necesidad de cuidados y cariño. Nos condiciona a considerar el cuerpo un adversario, sobre todo cuando nos da mensajes que no queremos oír. Nuestra cultura suele tratar de matar al cuerpo como mensajero junto con el mensaje que trae. Sin embargo, el cuerpo es el mejor sistema sanitario que poseemos, si sabemos escucharlo.

Segunda creencia: La ciencia médica es omnipotente

Se nos ha enseñado que nuestro sistema de cuidado de la enfermedad nos ha de conservar sanos. Estamos condicionados socialmente a acudir a los médicos cuando estamos preocupados por nuestro cuerpo y nuestra salud. Se nos ha inculcado que los médicos saben más que nosotros sobre nuestro cuerpo, que el experto tiene la cura. Ahora bien, cada mujer sabe más de sí misma que cualquier otra persona.

La ambivalencia de la mujer hacia su cuerpo y su propio juicio la perjudica psíquicamente. Vivimos en una sociedad en la cual los supuestos expertos desafían y subordinan nuestro juicio, una sociedad en la cual no se respeta, no se alienta e incluso no se reconoce nuestra capacidad para sanar o estar sanas sin una ayuda externa constante.

Nuestra cultura y su sistema médico adictivo creen que la tecnología y los exámenes nos van a salvar, que es posible controlar y cuantificar todas las variables, y que si tenemos más datos de más estudios podremos mejorar nuestra salud, curar las enfermedades y vivir eternamente felices.

Tercera creencia: El cuerpo femenino es anormal

Dado que ser hombre se considera la norma en el sistema adictivo, la mayoría de las mujeres interiorizan la idea de que hay algo que está fundamentalmente «mal» en su cuerpo. Se las induce a creer que deben controlar muchos aspectos de su cuerpo y que sus olores y formas naturales son inaceptables. La sociedad ha condicionado a las mujeres a pensar que su cuerpo es esencialmente sucio, que requiere una constante vigilancia de su limpieza y su «frescura», para no «ofender».

Esta denigración del cuerpo femenino ha sido la causa de que muchas mujeres tengan miedo de su cuerpo y sus procesos naturales o sientan repugnancia por ellos. Muchas, por ejemplo, jamás se tocan los pechos ni quieren saber lo que sienten en ellos, porque tienen miedo de lo que podrían descubrir. Es posible que se sientan culpables si los tocan, equiparando eso con la masturbación, ya que los pechos son eróticos para los hombres, lo cual es otra señal de cuán completamente hemos cedido nuestro cuerpo a los hombres.

Tanto entre los profesionales de la salud como entre las propias mujeres se ha convertido en norma habitual considerar enfermedades que precisan tratamiento médico incluso funciones corporales tan naturales como la menstruación, la menopausia y el parto. Da la impresión de que la actitud de que nuestro cuerpo es un accidente a la espera de ocurrir se interioriza a una edad muy temprana, y esto dispone el escenario para la relación futura de la mujer con su cuerpo. Nos han «medicalizado» el cuerpo desde antes de que naciéramos. Nuestra cultura teme todos los procesos naturales: nacer, morir, sanar, vivir. Diariamente se nos enseña a tener miedo.

Recuperar nuestra autoridad

Al final sólo es digna de confianza nuestra conexión con nuestra guía interior y nuestras emociones. Esto se debe a que cada uno de nosotros contenemos una multitud de procesos que jamás han existido antes y que no volverán a repetirse. Los sentimientos, la intuición, la espiritualidad y todas las experiencias de la vida que no se pueden explicar con la parte lógica y racional de nuestra mente ni se pueden medir con nuestros cinco sentidos, se desatienden o se descartan. El sistema adictivo tiene miedo de las reacciones emocionales, y valora muchísimo el dominio de las emociones, porque está desconectado de ellas. El cuerpo femenino, desde hace milenios asociado a los ciclos y sujeto al flujo y reflujo de los ritmos naturales, se considera particularmente emocional y necesitado de control. Toda nuestra sociedad funciona de maneras que nos mantienen desconectadas de lo que sabemos y sentimos.

En un sistema adictivo, las personas en general y las mujeres en particular nos ponemos a la defensiva y somos propensas a la negación. Continuar inconscientes de los hábitos que nuestra cultura nos ha hecho adquirir tiene graves efectos emocionales y físicos en nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Estos hábitos nos impiden conectar con nuestra guía interior y nuestras emociones, y esta desconexión a su vez nos mantiene en un estado de sufrimiento que va aumentando cuanto más tiempo la negamos. Se requiere mucha energía para seguir desconectada de ese sufrimiento, y muchas veces recurrimos a hábitos culturales, a substancias adictivas, por ejemplo, para evitar enfrentarnos a esa infelicidad y ese dolor.

El poder de dar nombre a las cosas

Un primer paso hacia un cambio positivo en la vida o en la salud es dar un nombre a la experiencia actual y permitirse sentirla en su totalidad, emocional, espiritual y físicamente.

Dar un nombre a las características adictivas de nuestra vida cotidiana nos ofrece una manera de salir del trance inducido culturalmente que afecta a todas las mujeres. Cuando identifiques intelectualmente una experiencia, toma conciencia de cómo la sientes en el cuerpo. Permítete sentirla físicamente. Si no, ni tu comportamiento ni tu salud van a cambiar. Una vez que con plena conciencia damos nombre a una experiencia y la interiorizamos, física y emocionalmente, ya no puede afectarnos inconscientemente. Identificar algo que nos ha afectado de modo adverso forma parte de nuestra liberación de su continua influencia. Muchas veces la sanación no puede comenzar mientras no nos permitimos sentir lo malas que son las cosas (o han sido en el pasado). Hacer esto libera energía emocional y física que ha estado acumulada, estancada, negada o inadvertida durante muchos años. Cuando podemos permitirnos sentir exactamente lo que sentimos, sin juzgarlo, comenzamos a liberar nuestra energía. Sólo entonces podemos avanzar hacia lo que deseamos. El cuadro 1 te servirá para identificar y dar nombre a tus características adictivas.

Llamar «sistema adictivo» a nuestra sociedad y llamar «adicciones» a nuestros comportamientos dentro de este sistema y en la medida en que una advierte estas características en sí misma, les da nombre y luego decide cambiar ese comportamiento es el grado en el cual está sana. A medida que hagamos individualmente este trabajo, la sociedad en su conjunto irá sanando. Crear salud es permitir que los demás pasen por sus propios procesos de aprendizaje. Nadie puede crearle salud a otra persona. Sólo la propia persona puede acceder a su guía interior cuando está preparada.

Muchas mujeres no tienen un trabajo o una familia que apoye su salud. Pero si un número suficiente de mujeres aprendemos a valorarnos, identificamos y damos nombre a nuestros comportamientos adictivos y nos comprometemos a vivir en plenitud y alegría, nuestras circunstancias y nuestro trabajo comenzarán a cambiar. Los pensamientos y la conciencia influyen profundamente en nuestra vida personal.

Identificar y sanar el dolor emocional y sus consecuencias físicas Nuestros pensamientos y emociones tienen un efecto tan profundo en nosotros porque están físicamente ligados a nuestro cuerpo. Todas las emociones tienen efectos físicos, incluso aquellas que se reprimen y no se expresan pues tienden a «quedarse» en el cuerpo: son enfermedades en incubación.

El contexto de la vida de una mujer contribuye enormemente al estado de su salud. Millones de mujeres sufren de dolor pelviano crónico, vaginitis, quistes ováricos, verrugas genitales. Estas enfermedades son el lenguaje que utiliza nuestro cuerpo para hablarnos. Por medio de ellas, nuestro cuerpo nos dice que necesitamos sanar de una herida más profunda, con frecuencia inconsciente: la de que nunca valemos lo suficiente y que en cierto modo estamos sucias.

El cuerpo suele intentar redirigir nuestra atención hacia el «escenario del crimen», para ayudarnos a sanarlo. Solamente conectando con lo que sentimos en el cuerpo podemos valorar nuestra guía interior.

Sanar significa dejar atrás las heridas

No podemos crearnos un mundo nuevo mientras el sistema adictivo viva dentro de nosotras. Si no nos fijamos en cómo colaboramos diariamente con el sistema que nos está destruyendo, estamos en peligro de actuar colaborando con nuestra propia opresión.

Recuperar la salud y aprender a crearnos una buena salud cotidianamente supone llamar a nuestras experiencias por su nombre, por doloroso que sea, y luego comprender que el motor de nuestra vida se encuentra dentro de nosotras, independientemente de nuestro pasado.

Hemos de comenzar a confiar en nosotras mismas y en nuestras experiencias tanto como confiamos en los informes de laboratorio. Si bien es extraordinariamente útil tener un médico o profesional de la salud que reconozca la conexión mente-cuerpo, es aún más importante que comprendamos que nuestro cuerpo y sus síntomas forman parte de nuestra guía interior.

Recuperarse del sistema adictivo significa aprender a vivir plenamente desde dentro hacia fuera en una cultura que suele negar este modo de ser en el mundo. Nuestro cuerpo y sus síntomas son nuestros mejores aliados en esta empresa, porque nada nos llama la atención con tanta rapidez. Nuestro cuerpo es un maravilloso barómetro de lo bien que estamos viviendo en el presente y cuidando de nosotras mismas.

Imagínate sana, completa, curada y profundamente conectada con la sabiduría de tu cuerpo femenino. ¿Cómo te sientes?

 

 

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